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Esta ciudad tenía un problema de inundaciones. Así que recurrió a un animal que se había extinguido allí hacía 400 años

  • hace 2 días
  • 2 min de lectura

A unos cientos de metros de un McDonald’s y un centro comercial, encajonado entre carreteras transitadas y contaminadas, un grupo inusual y peludo de habitantes de la ciudad, los castores, está creando un exuberante humedal urbano.


Esta zona de Ealing, un distrito del oeste de Londres, solía inundarse con frecuencia durante las fuertes tormentas, con el agua arrasando las calles locales e inundando la cercana estación de metro de Greenford, que forma parte del metro de Londres.


Para paliar el problema, las autoridades locales habían considerado un proyecto de ingeniería tradicional, que consistía en la construcción de un embalse artificial utilizando maquinaria pesada y hormigón. Pero entonces, un grupo de conservacionistas locales tuvo una idea diferente.


“¿Por qué no intentamos una solución basada en la naturaleza?”, dijo Sean McCormack, veterinario, conservacionista de la vida silvestre y líder del proyecto Ealing Beaver Project. “¿Por qué no reintroducimos los castores?”


En 2023, el proyecto trasladó a una familia de cinco castores salvajes a un terreno de 24 acres en Ealing llamado Paradise Fields. “Era un espacio olvidado y descuidado”, dijo McCormack. En los últimos años, se ha transformado.


A medida que el cambio climático intensifica las tormentas y otros fenómenos meteorológicos extremos, los proyectos de reintroducción de especies silvestres se perfilan como una solución: aprovechar las habilidades de los animales para crear paisajes más resilientes. Sin embargo, los expertos advierten que estos esfuerzos deben realizarse con cautela.


Ingenieros castores

Los castores salvajes se extinguieron en el Reino Unido hace unos 400 años, debido a que los humanos los cazaban por su piel, su carne y las secreciones de sus glándulas odoríferas, que tienen una fragancia almizclada similar a la vainilla y se utilizaban como aromatizante de alimentos y en perfumes.


Sin embargo, en los últimos años, la reintroducción de castores ha comenzado a ganar popularidad en el país, debido a que estos roedores semiacuáticos son unos ingenieros naturales asombrosos.


Sus fuertes dientes, reforzados con hierro que les confiere un llamativo color naranja, pueden cincelar ramas y árboles. Comen la corteza y utilizan la madera para construir diques, creando así embalses naturales.


Los dientes de los castores se fortalecen gracias al hierro, lo que les da un color naranjaAndyworks/E+/Getty Images
Los dientes de los castores se fortalecen gracias al hierro, lo que les da un color naranjaAndyworks/E+/Getty Images

Estas charcas ofrecen a los castores refugio de los depredadores; para los humanos, proporcionan un control natural de las inundaciones. La ingeniería de los castores puede convertir el paisaje en una esponja, permitiéndole retener más agua cuando llueve, lo que significa menos escorrentía y menos inundaciones aguas abajo.


Los castores también excavan canales. Estos son “como pequeños microarroyos que se extienden desde sus estanques a través del fondo de los valles como una telaraña de agua”, explicó Emily Fairfax, profesora adjunta de geografía en la Universidad de Minnesota, quien no participa en el proyecto de West London. “Estos canales mitigan aún más los daños causados ​​por las inundaciones al distribuir el agua sobre un área mayor”.


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